
Armar una promoción es fácil. Armar una que además deje ganancia real, un poco menos. Esta es una forma simple de pensar el precio de una promo antes de lanzarla, para no terminar vendiendo más y ganando menos.
El error más común: descontar sobre el precio de venta
Bajar un 20% del precio de venta parece simple, pero si no se revisa el margen real, esa rebaja puede comerse buena parte — o toda — la ganancia de ese producto o servicio.
El cálculo que sí hay que hacer: el piso de precio
Antes de definir el descuento, hay que saber cuál es el costo real de lo que se está vendiendo (incluyendo insumos, tiempo, y una porción de los gastos fijos del negocio). Ese número es el piso: por debajo de él, cada venta genera pérdida, aunque el local esté lleno de gente.
Una vez que se conoce el piso, se puede calcular cuánto margen de maniobra hay para armar una promo atractiva sin cruzar esa línea.
Combos: la lógica es distinta al descuento
Un combo (por ejemplo, un producto principal + uno complementario a un precio conjunto) suele ser más rentable que un descuento directo, porque permite compensar un margen más ajustado en un producto con uno más amplio en el otro. La clave es elegir bien qué se combina, no combinar cualquier cosa solo para que «se vea como una promo».
Preguntas para hacerse antes de lanzar cualquier promo
- ¿Cuál es el costo real de lo que estoy ofreciendo, no solo el precio de lista?
- ¿Cuánto necesito vender de más para compensar el margen que resigno?
- ¿La promo atrae al tipo de cliente que quiero (el que vuelve), o solo al que busca precio y no vuelve más?
- ¿Tiene una fecha de cierre clara, o se va a extender «hasta que alguien se acuerde de sacarla»?
La idea de fondo
Una promo bien pensada no es la que más descuento tiene, es la que consigue más ventas o más clientes nuevos sin perforar el piso de rentabilidad del negocio. Antes de lanzar la próxima, vale la pena hacer el cálculo del piso — toma diez minutos y evita sorpresas al cerrar el mes.
